Ford Soybean Car: un vehículo pionero en el uso de materiales naturales
En 1942 quedó registrada una patente muy innovadora para su época: el Ford Soybean, un automóvil cuyo diseño incorporaba plásticos fabricados a partir de soja y otros derivados vegetales. Henry Ford, motivado por su visión de unir la agricultura con la industria automotriz, comenzó en la década de 1930 a experimentar con materiales naturales —como soja, cáñamo, trigo, lino y ramio— para crear una alternativa a las carrocerías metálicas tradicionales.
Un proyecto revolucionario en tiempos complejos
La patente, solicitada en julio de 1940 y aprobada en enero de 1942, describía un chasis tubular de acero ensamblado con 14 paneles de un plástico revolucionario para aquel momento, elaborado con fibra de soja impregnada en resina fenólica-formaldehído (similar a la baquelita). Este coche pesaba aproximadamente 907 kg, lo que representaba la mitad del peso de un vehículo convencional fabricado en acero similar en tamaño y prestaciones.
El proyecto comenzó con el diseñador Eugene Turenne Gregorie, reconocido por su trabajo en Ford durante las décadas de 1930 y 1940, pero posteriormente fue transferido a Lowell E. Overly y al ingeniero químico Robert A. Boyer, quienes estaban más vinculados a la ingeniería y matricería.
Presentación y atributos del Ford Soybean
El vehículo fue presentado públicamente en agosto de 1941, durante los Dearborn Days, un festival en la ciudad sede de Ford. Allí se mostró en movimiento y se destacó la resistencia de sus paneles plásticos: se puede ver cómo un martillo golpea uno de ellos sin dañarlo. Su ligereza facilitaba una conducción más sencilla y segura, ya que la carrocería plástica absorbía los impactos de manera diferente al acero, evitando deformaciones peligrosas para los ocupantes en caso de vuelcos.
Materiales, innovación y contexto histórico
La Segunda Guerra Mundial creó una gran escasez de metales y productos derivados del petróleo, lo que impulsó la búsqueda de alternativas para la fabricación de vehículos y otros elementos cotidianos. Por ejemplo, durante ese periodo, varias matrículas de automóviles en Norteamérica se fabricaron con soja prensada, y más adelante, en Alemania del Este, el Trabant incorporó plásticos de base celulósica llamados Duroplast.
Las resinas fenólicas utilizadas por Ford estaban consideradas como materiales con propiedades elásticas, resistentes y duraderas. Además, esta innovación anticipó la era del plástico, que se inició con la baquelita, creada por Leo Baekeland en 1907.
Interrupción y legado
La entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y la consecuente paralización de la producción civil de automóviles provocó que el proyecto Ford Soybean fuera abandonado. Se llegó a planificar una segunda unidad, pero finalmente ambos vehículos fueron destruidos y el proyecto no continuó.
Pese a ello, el Ford Soybean es un antecedente importante en la historia de la sostenibilidad y el uso de materiales renovables en la industria automotriz. Su diseño representó una visión adelantada a su tiempo sobre cómo integrar la agricultura con la fabricación industrial y reducir el impacto ambiental mediante el uso de materiales vegetales.
Este prototipo inspira aún hoy en día la investigación en materiales compuestos y tecnologías sostenibles en el sector automotriz, mostrando que la innovación puede surgir en entornos adversos y sentar las bases para futuras generaciones de vehículos ecológicos.