El grave descarrilamiento del tren Iryo en Adamuz, ocurrido en enero de 2026, ha puesto nuevamente bajo la lupa uno de los escenarios más críticos del transporte ferroviario: el descarrilamiento. Este tipo de accidente, aunque poco frecuente, puede generar consecuencias devastadoras, especialmente cuando involucra a más de un convoy.
Contexto del accidente en Adamuz
El siniestro tuvo lugar sobre una línea de alta velocidad renovada recientemente, con una inversión millonaria y en un tramo recto sin curvas pronunciadas ni limitaciones de velocidad inusuales. Pese a estas condiciones aparentemente ideales, ocurrió el accidente, lo que ha focalizado la investigación en la búsqueda de una combinación de factores técnicos que hayan podido fallar en la seguridad ferrovial diseñada para evitar estas situaciones.
Principales causas que pueden provocar un descarrilamiento
Estado de la vía y mecanismos de cambio
Uno de los primeros aspectos que se analizan en casos de descarrilamiento es el estado de la vía. En el caso de Adamuz, el accidente se produjo en un punto de adelantamiento y estacionamiento donde los trenes circulan cerca de 200 km/h y donde existen mecanismos de cambio de vía, como las agujas o desvíos, que permiten apartar o adelantar convoyes. Estas estructuras móviles están sometidas a grandes esfuerzos y requieren tolerancias extremadamente ajustadas. Un mínimo fallo en ellas podría cambiar la trayectoria de las ruedas y provocar el descarrilamiento, aunque en este incidente aún no se ha confirmado ninguna anomalía de este tipo.
Condición de las ruedas y bogies
El desgaste o daño en las ruedas del tren también es un factor a considerar. Las ruedas deben mantener un perfil muy preciso y son sujetas a controles periódicos mediante procesos de torneado para evitar fatigas o fisuras, ya que estos defectos podrían reducir la capacidad de guiado del tren y aumentar el riesgo de accidente. En investigaciones anteriores, la aparición de un bogie desprendido ha sido una pista recurrente. En el siniestro de Adamuz, se estudia si alguna pieza pudo desprenderse después del fallo en la vía, complicando la secuencia del accidente.
Velocidad y sistemas de protección
La velocidad, aun dentro de los límites permitidos, amplifica cualquier irregularidad en la vía o en el tren. A velocidades próximas a 200 km/h, las fuerzas laterales son mucho mayores que en trenes convencionales, por lo que la tolerancia es mínima y cualquier desviación se vuelve crítica. En respuesta a esto, existen sistemas automáticos de control de velocidad y frenado, como el ERTMS, que vigilan y controlan el tren para evitar que supere los límites seguros. Sin embargo, en accidentes con sucesos muy repentinos, como en Adamuz, el tiempo entre el fallo y la colisión fue tan corto que estos sistemas no pudieron actuar a tiempo para evitar la tragedia.
Hipótesis y hallazgos preliminares de la investigación
Las primeras investigaciones apuntan a que el descarrilamiento se produjo tras una rotura previa en el carril de la vía, probablemente causada por fatiga del material o un defecto en la soldadura. Muescas encontradas en las ruedas de varios coches del tren coinciden con la zona del daño, indicando que la vía ya presentaba una falla crítica antes del paso del tren. Esta hipótesis es la principal que maneja la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios.
Además, se estudia la posibilidad de que una pieza del tren, como un bogie, se desprendiera tras el daño en la vía, impactando otras partes de la infraestructura y agravando el accidente, aunque esto no sería la causa inicial del descarrilamiento.
Repercusiones y seguimiento de la seguridad ferroviaria
El accidente causó la colisión de dos trenes y lamentablemente dejó un alto número de víctimas. La investigación continúa con el análisis de las cajas negras y otros datos técnicos para reconstruir la secuencia exacta de los hechos. Se destaca la importancia de un mantenimiento riguroso y exhaustivo en las infraestructuras ferroviarias, especialmente en líneas de alta velocidad con gran volumen de tráfico.
Este suceso pone en evidencia que, a pesar de los avances tecnológicos y la inversión en seguridad, la revisión constante y la detección temprana de fallos en la vía son esenciales para prevenir siniestros de esta magnitud.
La investigación completa puede durar meses o incluso superar un año, dado que en accidentes tan complejos rara vez hay una única causa clara. Lo que se busca determinar es cómo una cadena de fallos simultáneos o consecutivos terminó en un desenlace fatal.