El color ámbar en los semáforos fue incorporado en 1920 en Detroit, Estados Unidos, gracias a la iniciativa del policía William Potts. La luz ámbar se ideó como una señal intermedia para alertar a los conductores de un cambio próximo del verde al rojo, dándoles tiempo para frenar con seguridad. Esta innovación se inspiró en los sistemas ferroviarios, donde ya se usaba una luz amarilla para indicar precaución, además del rojo y verde ya existentes. Así nació el semáforo de tres luces tal como lo conocemos hoy, con un mecanismo automático que regula el cambio de colores y mejora la seguridad vial.
Origen y evolución de los semáforos
Para entender el semáforo moderno, es necesario remontarse a 1868, cuando John Peake Knight diseñó el primer semáforo en Londres. Este dispositivo estaba basado en las señales para trenes y estaba destinado a regular el tráfico de carruajes. Contaba con dos luces, roja para detenerse y verde para continuar, operadas manualmente mediante gas y controladas por un policía. No existía en esa época el color ámbar ni los sistemas automáticos.
El sistema inicial tuvo limitaciones, incluyendo un riesgo de accidentes causado por el cambio abrupto entre rojo y verde sin aviso previo. Este problema se mantuvo en los semáforos durante las primeras décadas, incluso tras su extensión por Estados Unidos a principios del siglo XX.
La introducción del color ámbar y el semáforo de tres luces
William Potts, policía de Detroit, fue el encargado de resolver este problema mediante la incorporación de una tercera luz, de color ámbar. Esta señal indicaba a los conductores que el cambio a rojo era inminente, permitiendo una transición gradual y evitando frenazos bruscos que podrían causar accidentes.
El ámbar fue elegido por su alta visibilidad y porque se diferencia claramente del rojo y verde, además de transmitir de manera intuitiva la advertencia de precaución. Este diseño se basa en la combinación de los colores tradicionales del tráfico ferroviario, que ya habían adoptado una luz amarilla para señalar precaución de manera similar.
Con esta innovación, los semáforos comenzaron a funcionar de forma automática, pasando sucesivamente de verde a ámbar y luego a rojo, lo que mejoró significativamente la regulación del tráfico.
Patentes y reconocimiento del invento
Aunque William Potts fue el creador del sistema de tres luces, no pudo patentar su invento debido a que era funcionario público y la legislación de la época se lo impedía. Por otro lado, Garret Morgan, otro inventor estadounidense, logró patentar un diseño similar y vendió su patente a la empresa General Electric por una suma considerable, obteniendo beneficios económicos importantes.
Hoy en día, el sistema de tres luces con ámbar es utilizado prácticamente en todo el mundo, demostrando la eficacia y relevancia de esta innovación. En algunos países, como Japón, el color ámbar se sustituye por una luz azul, pero en esencia el sistema cumple una función similar.
Importancia en la seguridad vial moderna
La incorporación del color ámbar es clave para la regulación eficiente y segura del tráfico vehicular. Su función de advertir el cambio de luz permite a los conductores anticipar acciones, contribuyendo a reducir accidentes y mejorar la fluidez en las intersecciones. Más de un siglo después de su creación, el semáforo de tres colores se mantiene como un símbolo universal de orden vial que ha sido fundamental para el desarrollo del tráfico en las ciudades modernas.
Sin duda, aunque William Potts no se benefició económicamente de su invento, su contribución sigue siendo vital para la seguridad en las carreteras a nivel mundial.

