Canadá y China firmaron un acuerdo comercial a principios de 2026 que permitirá la importación de vehículos eléctricos chinos al mercado canadiense con aranceles significativamente reducidos. Este pacto ha generado preocupación en Estados Unidos, donde las autoridades temen que la entrada de estos coches represente una competencia directa para la industria automotriz local.
Reacción estadounidense frente al acuerdo Canadá-China
Desde Ohio, el Secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, criticó duramente esta decisión durante un evento en una fábrica de Ford, manifestando que Estados Unidos lamentará haber permitido la entrada de coches eléctricos chinos al mercado canadiense. La inquietud principal radica en que esta apertura podría impactar negativamente en las exportaciones de automóviles canadienses a Estados Unidos, especialmente en una coyuntura en la que esas exportaciones ya enfrentan aranceles de hasta el 25% impuestos por la administración Trump.
Marcas chinas que ingresarán primero a Canadá
De acuerdo con el nuevo marco comercial, BYD, Geely y Chery, junto con sus submarcas Jaecoo y Omoda, serán las primeras en introducir vehículos eléctricos en Canadá. Esta medida se hará efectiva a partir de 2027 y establece que hasta 49.000 vehículos chinos podrán ingresar al país con un arancel preferencial del 6,1%, recuperando niveles similares a los que se tenían antes de la imposición de aranceles adicionales del 100% en 2024.
Límites y condiciones del acuerdo
El pacto no abre completamente las puertas a los coches eléctricos chinos, ya que establece cuotas anuales de importación que irán aumentando paulatinamente hasta 2030. Además, al menos la mitad de estos vehículos deberán tener un precio inferior a 35.000 dólares canadienses (alrededor de 21.600 euros), con el fin de garantizar que se ofrezcan coches asequibles en el mercado local.
En detalle, el número de vehículos cuyo precio sea inferior a estas cifras deberá representar el 10% en 2027, aumentando progresivamente al 20% en 2028, 35% en 2029 y 50% en 2030. Este requisito refleja un interés claro en promover coches accesibles, segmento en el que las marcas occidentales, japonesas y coreanas tienen una presencia limitada, mientras que los fabricantes chinos cuentan con una oferta competitiva.
Impacto en el mercado canadiense y estratégico regional
Para dimensionar la relevancia de esta cuota, es importante saber que en 2025 se vendieron cerca de 1,9 millones de automóviles en Canadá, de los cuales aproximadamente 250.000 fueron eléctricos o híbridos enchufables. Los 49.000 vehículos chinos representarían, por tanto, menos del 3% del total del mercado nacional, una cifra moderada en el contexto general.
Este escenario coloca a Estados Unidos en una posición de alerta, dado que estará rodeado por países donde sí se venden coches eléctricos chinos, lo que podría cambiar la dinámica competitiva y estratégica en la región norteamericana.
Progreso y preparación de las marcas chinas en Canadá
Varias marcas chinas están avanzando activamente en la homologación de sus vehículos, la creación de redes comerciales mediante acuerdos con grupos locales y la búsqueda de socios financieros en Canadá. Entre ellas destacan el gigante Geely, a través de sus marcas Polestar, Volvo, Lynk & Co y Zeekr, y el grupo Chery, con Jaecoo y Omoda.
Por su parte, BYD ya cuenta con la homologación oficial de Transport Canada, lo que le permite vender sus vehículos eléctricos en el país. Este proceso comenzó antes de la imposición de los aranceles elevados y evidencia la apuesta de las marcas chinas para posicionarse en este nuevo mercado.
Guía para consumidores interesados en coches eléctricos
Si estás considerando comprar un coche eléctrico, existen herramientas y recursos que pueden ayudarte a elegir el modelo ideal según tus necesidades. Además de evaluar aspectos como precio y autonomía, también es importante informarse sobre la disponibilidad de puntos de carga cercanos y el soporte que ofrecen las redes comerciales en tu área.
En resumen, este acuerdo entre Canadá y China marca un cambio significativo en el panorama automotriz de América del Norte, abriendo una oportunidad para que los vehículos eléctricos chinos ganen presencia mientras Estados Unidos observa con cautela esta evolución.

