Honda, el segundo mayor fabricante de automóviles en Japón, está enfrentando una grave crisis en su división de coches eléctricos, reportando pérdidas significativas por primera vez desde la década de 1950. Mientras su negocio de motocicletas sigue alcanzando ventas y beneficios récord, la empresa está luchando para generar ganancias en su sector automotriz debido a varios desafíos, incluida una devastadora revisión en su estrategia de electrificación y el impacto de aranceles comerciales internacionales.
Motocicletas: el pilar económico de Honda
La división de motocicletas se ha consolidado como el principal soporte financiero de Honda, alcanzando un volumen de ventas y un beneficio operativo histórico, especialmente en mercados emergentes como India y Brasil. Sin embargo, esta fortaleza contrasta con los malos resultados del área de automóviles, donde los ingresos han caído principalmente en mercados clave como China y el sudeste asiático. En conjunto, el beneficio neto proyectado se desplomó un 70,1%, situándose en aproximadamente 250.000 millones de yenes (unos 1.350 millones de euros), con una disminución estimada de ingresos del 6,4%.
Las repercusiones de una estrategia eléctrica frustrada
Frente a las expectativas, Honda ha tenido que revisar profundamente su hoja de ruta hacia la electrificación. Se anticipan pérdidas por hasta 2,5 billones de yenes (cerca de 13.640 millones de euros) en los próximos dos años, algo sin precedentes desde que la compañía salió a Bolsa en los años 50. Esta revisión ha provocado la cancelación o suspensión de varios proyectos eléctricos, como la cancelación del sedán eléctrico Afeela 1, un modelo desarrollado en colaboración con Sony, concebido para competir con Tesla y que estaba fabricado para su lanzamiento en Estados Unidos y Japón.
Además, otros vehículos eléctricos en desarrollo como el Honda 0 SUV y el Honda 0 Sedán también fueron descartados debido a la incapacidad de ofrecer una relación calidad-precio competitiva frente a nuevos fabricantes de coches eléctricos.
Impacto de las políticas comerciales y la competencia global
Un factor clave en la situación crítica de Honda han sido los aranceles impuestos por Estados Unidos, que representan aproximadamente el 25% sobre vehículos importados. Esto generó un golpe fuerte para la automotriz, dado que cerca del 40% de sus vehículos comercializados en EE.UU. se importan. Para evitar estos costes, Honda ha optado por trasladar la fabricación de su Civic híbrido a Indiana, evitando así los aranceles sobre su modelo más vendido.
La retirada de ayudas gubernamentales a eléctricos en EE.UU.
Otro elemento que afectó negativamente la demanda de coches eléctricos fue la eliminación de incentivos y ayudas fiscales para su compra en Estados Unidos. Como consecuencia, las ventas de vehículos eléctricos de Honda en dicho mercado se desplomaron más de un 80% en tan solo un mes tras esta medida, afectando directamente las expectativas del Afeela 1 y otros modelos eléctricos.
Perspectivas y medidas de Honda
Ante este escenario, la compañía ha expresado su compromiso para evaluar cuidadosamente el impacto de las políticas arancelarias y continuará implementando medidas para recuperarse y crecer. Sin embargo, la presión es grande, pues se trata de la primera vez en más de siete décadas que Honda reporta pérdidas consecutivas importantes en su división automotriz, obligándola a replantear su estrategia para competir en un mercado automovilístico cada vez más electrificado y globalizado.
En resumen, Honda enfrenta un desafío mayúsculo al tratar de equilibrar la rentabilidad de su negocio histórico con la imprescindible transición hacia una movilidad eléctrica, todo ello en un entorno marcado por la competencia internacional agresiva y las fluctuaciones regulatorias de sus mercados clave.

