La historia de la gasolina con plomo y su abandono progresivo
El uso de gasolina con plomo comenzó a principios del siglo XX y se mantuvo durante gran parte del mismo, hasta que se descubrieron sus graves efectos sobre la salud humana y el medio ambiente. El primer automóvil data de 1886, pero no fue hasta 1913 cuando apareció la primera gasolinera, en Pittsburgh. Antes de eso, la gasolina se adquiría en farmacias o droguerías.
El origen de la gasolina con plomo
En 1921, el ingeniero Thomas Midgley, trabajando para General Motors, introdujo el aditivo de tetraetilo de plomo en la gasolina. Este compuesto se añadía para evitar el "picado de biela" en los motores, un problema recurrente que provocaba roturas y hacía que el motor funcionara de forma ineficiente. El plomo incrementaba el octanaje del combustible, mejorando así su rendimiento. A pesar de las advertencias iniciales sobre la toxicidad del plomo, su uso se extendió rápidamente en todo el mundo gracias a su eficacia y bajo coste.
Los impactos nocivos del plomo en la gasolina
El plomo se liberaba al ambiente a través de los gases de escape, quedando suspendido en forma de partículas contaminantes. Estas partículas se depositaban en el aire, suelo y agua, afectando a seres vivos y ecosistemas. A nivel humano, el plomo es un potente neurotóxico, especialmente perjudicial para el desarrollo cerebral de los niños. La exposición continuada causaba problemas cognitivos, daño en órganos vitales y estaba relacionada con mayores niveles de violencia y criminalidad.
La transición hacia la gasolina sin plomo
El abandono del plomo en la gasolina fue progresivo y heterogéneo según los países:
Estados Unidos y los primeros pasos
A partir de la década de los 70, en Estados Unidos se comenzó la reducción del plomo en la gasolina, impulsada por la Agencia de Protección Ambiental (EPA). En 1976 entraron en vigor normas para limitar su contenido, en parte debido a la incompatibilidad del plomo con los catalizadores de los sistemas de escape modernos. La prohibición total en EE. UU. se estableció en 1986, y para mediados de los 90 el plomo había sido retirado prácticamente por completo, lo que supuso una drástica reducción de los niveles de plomo en la sangre de la población.
Europa y Japón lideran la prohibición
En 1986, Japón fue el primer país del mundo en prohibir completamente el plomo en la gasolina, seguido rápidamente por naciones como Canadá, Suiza y Austria. En la Unión Europea, la retirada de la gasolina con plomo comenzó a finales de los 80 y se extendió durante los años 90. En España, por ejemplo, dejó de venderse definitivamente en 2002. Esta transición estuvo motivada también por la obligatoriedad de los catalizadores en los coches nuevos desde 1993 (normativa Euro 1), los cuales se dañaban con el plomo del combustible.
El fin mundial del uso de gasolina con plomo
A principios de los 2000, todavía había más de 100 países que permitían el uso de gasolina con plomo. Con el tiempo, casi todos dejaron de usarla, siendo Argelia el último país en eliminarla en 2021. Esto marca el cierre de un ciclo de casi un siglo desde su invención y masivo uso.
El papel decisivo de la ciencia en su prohibición
Un científico fundamental en esta lucha fue el geoquímico Clair Patterson, quien, investigando la edad de la Tierra, detectó un aumento alarmante del plomo en la atmósfera asociado a la gasolina. A pesar de la oposición industrial, él defendió públicamente la necesidad de eliminar esta fuente de contaminación. Su trabajo fue clave para que organismos internacionales y gobiernos impuestos restringieran progresivamente el uso del plomo en combustibles.
Consecuencias del uso y abandono de la gasolina con plomo
Consecuencias negativas del uso prolongado de plomo:
- Contaminación masiva del aire, suelo y agua con plomo.
- Afectación grave a la salud humana, en particular en niños, por daño neurológico y reducción en el coeficiente intelectual.
- Incremento en enfermedades cardiovasculares, renales y otros problemas sistémicos.
- Relación con mayores índices de criminalidad en poblaciones expuestas en la infancia.
Beneficios tras su eliminación:
- Descenso rápido y significativo de los niveles de plomo en sangre en la población urbana.
- Reducción de miles de muertes prematuras anuales en todo el mundo.
- Incremento en el desarrollo cognitivo infantil general.
- Ahorro millonario para las economías globales debido a menores costes en salud y mejoras sociales.
- Disminución de la criminalidad vinculada a daños neurológicos por plomo.
En definitiva, aunque la gasolina con plomo fue una solución técnica efectiva para mejorar la combustión, sus graves repercusiones sanitarias y ambientales obligaron a su eliminación, convirtiéndose esta en uno de los mayores hitos de protección ambiental y salud pública del siglo XX.

