Calefacción en coches antes de la era moderna: métodos antiguos y riesgos asociados
En las frías épocas de invierno, hoy nadie imagina viajar en un coche sin calefacción. Actualmente, al entrar en el habitáculo, el sistema de climatización ambienta el interior utilizando el calor generado por el motor, ofreciendo confort mediante ventiladores que distribuyen aire caliente. Sin embargo, esta comodidad es relativamente reciente, ya que los primeros automóviles no contaban con calefacción integrada, y los conductores tenían que ingeniárselas para mantenerse calientes, a menudo exponiéndose a riesgos significativos.
Los primeros intentos de calefacción en vehículos: lámparas de gas y braseros de carbón
Durante las primeras décadas del automóvil, los vehículos todavía conservaban un diseño abierto similar a los carruajes tirados por caballos, algunos con techos muy básicos. Para calentarse, se empleaban soluciones adoptadas de los carruajes, como las lámparas de gas, que además de iluminar quemaban gases de carbón que liberaban metano, hidrógeno y peligrosos monóxido de carbono. Esto significaba que los primeros conductores inhalaban gases tóxicos dentro de un espacio cerrado o semicerrado, lo que representaba un grave peligro para su salud.
Otra técnica popular eran los calentadores portátiles de carbón, unos cajones de hierro galvanizado con revestimiento de amianto diseñados para contener brasas. Estos braseros empleaban un carbón especial en forma de ladrillo que, tras ser encendido y apagado fuera del vehículo, proporcionaba calor durante horas sin apenas humo ni olor. Sin embargo, su manipulación implicaba riesgos de quemaduras, y aunque reducía la emisión de humos, no eliminaba por completo la presencia de gases tóxicos en el habitáculo.
Calefactores basados en los gases de escape: riesgos y diseño
Alrededor de 1910, surgieron sistemas de calefacción más complejos que utilizaban directamente los gases calientes de escape del motor a través de rudimentarios intercambiadores de calor. Estos dispositivos no contaban con filtros para evitar contaminantes, por lo que presentaban fugas y liberaban monóxido de carbono en el interior del coche.
La exposición al monóxido de carbono en espacios cerrados podía causar intoxicaciones severas y problemas respiratorios graves, especialmente en personas con enfermedades preexistentes como el asma. Este método fue común durante varias décadas hasta que se desarrollaron sistemas más seguros y eficientes.
La transición hacia sistemas más seguros: del tubo de escape al refrigerante del motor
En la década de los 40, y tras varios intentos con diferentes métodos, se desarrolló un sistema mucho más seguro y eficiente que sentó las bases de la calefacción actual. El denominado Weather Eye, patentado en 1938 y comercializado en los años 50, tomó aire exterior y lo calentó utilizando el líquido refrigerante caliente del motor, en lugar de emplear los gases de escape.
Este sistema contaba con ventiladores y conductos para distribuir el aire caliente de manera controlada en el interior del vehículo, con la ventaja añadida de poder regular tanto la temperatura como la dirección del flujo de aire. Además, eliminaba por completo los riesgos asociados a la inhalación de gases tóxicos y al contacto con fuentes de calor peligrosas.
Consideraciones actuales sobre los sistemas de climatización
A pesar de los importantes avances en la calefacción automovilística, en la actualidad algunos fabricantes están optando por simplificar el manejo de estos sistemas mediante pantallas táctiles, eliminando botones físicos, lo que podría aumentar el riesgo de distracción al conducir.
En resumen, los métodos primitivos para calentarse en el coche, como las brasas o el uso directo de gases de escape, eran efectivos pero conllevaban riesgos significativos, destacando la evolución hacia sistemas modernos que priorizan tanto la seguridad como el confort.
Texto basado en investigaciones y fuentes de confianza relacionadas con la historia de la calefacción para automóviles y la evolución tecnológica en sistemas de climatización.

