En los últimos años, la pantalla táctil se ha convertido en un elemento clave dentro del diseño de automóviles, especialmente en los coches eléctricos. La tendencia ha sido hacia pantallas cada vez más grandes que sustituyen numerosos botones físicos, otorgando una apariencia moderna al vehículo.
Sin embargo, tras un largo dominio de las pantallas táctiles centrales que reemplazan progresivamente los controles tradicionales, China ha decidido imponer un cambio radical: el regreso a los mandos físicos en los automóviles.
La pantalla táctil como símbolo de modernidad, pero con limitaciones prácticas
El auge de las pantallas táctiles en los coches fue impulsado inicialmente por Tesla, que con el Model S de 2016 introdujo un interior minimalista basado casi exclusivamente en una gran pantalla. Esto inició una tendencia en la que el software pasó a controlar funciones básicas, desplazando la atención del conductor a una superficie táctil sin retroalimentación física.
Activar ciertas funciones mediante pantallas requiere mayor destreza, pues muchas veces los iconos están dentro de menús secundarios, lo que distrae al conductor y puede dificultar un manejo seguro.
Desde el punto de vista del fabricante, las pantallas táctiles representan un ahorro importante, ya que su desarrollo y fabricación resultan menos costosos que la creación y prueba de numerosos botones físicos. Además, ofrecen una percepción de modernidad al usuario, aunque no siempre sean la opción más práctica.
Críticas y cuestionamientos en la industria automotriz china
Esta tendencia de diseño, basada en interiores vacíos de botones y con muchas pantallas, ha sido criticada incluso dentro del sector automotriz chino. Altos ejecutivos han señalado que la industria tradicionalmente sigue estas modas sin cuestionar su utilidad real, lo que podría afectar la identidad y funcionalidad de los vehículos.
Medidas reguladoras para mejorar la seguridad
Ante múltiples críticas por la dependencia excesiva de pantallas, que obliga al conductor a apartar la vista de la carretera, las autoridades chinas han decidido intervenir para aumentar la seguridad.
Desde el 1 de julio de 2026, el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información (MIIT) de China exigirá que los fabricantes introduzcan mandos físicos independientes para funciones esenciales del vehículo, como luces intermitentes, elevalunas, sistemas de asistencia a la conducción, limpiaparabrisas y desempañadores. De igual forma, el cambio de marchas deberá poder controlarse mediante botones físicos y no únicamente a través de pantallas.
La lógica detrás de esta normativa es clara: mientras que los controles táctiles requieren la mirada constante para ubicarlos, los botones físicos pueden manejarse al tacto sin desviar la atención del conductor, incrementando así la seguridad vial.
Impacto global y respuestas de otros mercados
China no rechaza el uso de pantallas táctiles, pero busca devolverlas a un papel secundario en la interfaz de los automóviles, imponiendo una obligación que afecta a todos los fabricantes que quieran participar en su mercado, comenzando por gigantes como Tesla.
En Europa, esta preocupación también está presente. Euro NCAP ha actualizado sus criterios de evaluación para dar prioridad a la seguridad, exigiendo a los fabricantes que incorporen botones físicos para determinadas funciones esenciales si desean obtener las cinco estrellas en sus pruebas de seguridad. Aunque esta medida no es legalmente obligatoria, la mayoría de las marcas prefieren cumplirla para mantener buenas calificaciones.
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En resumen, mientras la tecnología avanza hacia interiores más digitales, la seguridad vuelve a situar a los mandos físicos como un estándar necesario para la conducción segura. China lidera con esta normativa que podría marcar la tendencia para el resto del mundo automotor.

