Pere Navarro, director de la DGT, no deja de sorprender con sus declaraciones. Recientemente, comentó que no parece inteligente que muchas personas circulen solas en sus coches por la ciudad, invitando a compartir vehículo para reducir el tráfico. Sin embargo, la última propuesta que ha causado revuelo es la sugerencia de que dejaríamos de ver partidos de fútbol que terminan muy tarde para evitar conducir con sueño.
Campaña de concienciación sobre la somnolencia al volante
Estas declaraciones se hicieron durante la presentación de una campaña impulsada por la Fundación Abertis y la DGT destinada a sensibilizar a los conductores sobre los riesgos que implica la somnolencia al volante. El director destacó que los españoles, en promedio, duermen un 10 % menos que la media europea, lo cual influye en aumentar los accidentes de tráfico relacionados con el cansancio.
¿Por qué los españoles duermen menos?
Según Pere Navarro, esto está estrechamente ligado a hábitos culturales y horarios de actividades. El horario de máxima audiencia en España suele ser entre las 22:00 y las 00:00, y las cenas también se realizan más tarde que en otros países europeos, debido a nuestras jornadas de luz y costumbres propias.
El debate sobre el horario de los partidos de fútbol
Para ejemplificar, Navarro mencionó que algunos partidos de fútbol, sobre todo los que incluyen prórroga o tandas de penales, pueden finalizar incluso a la 1:00 de la madrugada, incentivando que los aficionados conduzcan con fatiga. Sin embargo, el argumento exagera un poco la realidad. Los partidos que pueden alargarse se encuentran en competiciones específicas, como la Copa del Rey, la Supercopa, la Champions League y otras competiciones internacionales, y normalmente comienzan a las 21:00 o antes, lo que hace difícil que terminen a la 1:00 en la mayoría de los casos.
En cuanto a la Copa del Rey, algunos encuentros en temporadas anteriores terminaron pasada la media noche cuando se extendieron a penales, pero desde hace un tiempo los partidos se programan preferentemente antes de las 21:30, y LaLiga solo programa horarios nocturnos en verano para evitar el calor, con partidos que finalizan alrededor de las 23:15.
¿De quién es la responsabilidad?
La responsabilidad de establecer horarios recae en organizaciones como la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y LaLiga, cuyos objetivos incluyen maximizar la audiencia y permitir la visualización de partidos en múltiples regiones, tanto nacionales como internacionales. No obstante, exigir que los españoles renuncien a ver partidos o programas nocturnos no parece una solución razonable, ya que la mayoría aprovechan esos momentos para desconectar tras una intensa jornada.
El riesgo real de conducir con fatiga
Más allá del debate sobre horarios, es crucial reconocer que conducir con sueño representa un peligro serio. La campaña “Hola, soy Juan y te invito a un café”, creada por la Fundación Abertis en colaboración con la DGT y Repsol, está diseñada para aumentar la conciencia pública sobre este problema. En España, la somnolencia está relacionada con más de 1.000 muertes anuales y alrededor de 5.000 lesiones graves en accidentes de tráfico.
La DGT advierte que entre el 15 % y el 30 % de los accidentes tienen como factor la fatiga o el sueño. Particularmente, los “micro-sueños” —dormirse por breves segundos— son extremadamente peligrosos. Por ejemplo, a 120 km/h, una cabezada de solo tres segundos implica recorrer 99 metros sin control del vehículo.
Innovaciones tecnológicas para combatir la somnolencia
Las soluciones tradicionales no siempre bastan para reducir estos accidentes. En países como China, se están implementando sistemas innovadores, como luces láser en autopistas, que alertan y ayudan a mantener la atención de los conductores, logrando así disminuir el riesgo de incidentes relacionados con el sueño. Este tipo de tecnología podría ser una opción futura a considerar para España y otros países.
En definitiva, es fundamental fomentar hábitos responsables al volante y buscar medidas tanto culturales como tecnológicas para minimizar los peligros derivados de la somnolencia, sin que para ello se pueda restringir el acceso a las actividades de ocio nocturno que forman parte de la vida social de millones de personas.

