Durante las décadas de los años 60 y 70, Estados Unidos vio nacer una pasión muy particular: la fiebre por los muscle cars, autos potentes, robustos, y con motores V8 que, aunque poco prácticos, capturaron la imaginación de muchos. Sin embargo, esta devoción no se replicó con la misma intensidad en Europa. A pesar de ello, existió un vehículo europeo capaz de rivalizar con aquellos gigantes americanos: el Jensen Interceptor.
Jensen Motors: la fusión entre tradición inglesa y fuerza americana
En las proximidades de Birmingham, Inglaterra, una pequeña manufactura británica llamada Jensen Motors tomó la idea de los muscle cars americanos y la adaptó para crear un deportivo de gran lujo y estilo europeo. Esta combinación única de elegancia y músculo no era común en la industria europea y solo pudo surgir de una fábrica tradicional inglesa con visión y dedicación.
La historia de Jensen Motors está ligada a los hermanos Alan y Richard Jensen, quienes iniciaron su aventura automovilística en 1926 fabricando carros basados en vehículos Austin. Con el paso del tiempo, tras acumular experiencia en distintas empresas y proyectos de carrocería, lograron establecer su propia marca, dando origen a modelos emblemáticos como el Jensen Wolseley Hornet y el Jensen S-Type, este último encargado por el legendario actor Clark Gable.
El nacimiento y evolución del Jensen Interceptor
En 1950, Jensen lanzó el primer Interceptor, un coupé de líneas clásicas propulsado por un motor de seis cilindros en línea. Aunque se fabricaron solo 88 unidades, sentó las bases para proyectos futuros. Con la incorporación del diseñador Eric Neale a comienzos de los años 50, la firma dio un giro estético importante y, en 1966, relanzó el Interceptor para crear un coupé de cuatro plazas que combinaba lujo con un potente motor V8 de origen americano (Chrysler) de 6.276 cc.
Este motor generaba originalmente 270 CV, aunque en 1971 se mejoró la potencia hasta alcanzar los 330 CV gracias a un carburador doble que potenciaba aún más el rendimiento. El aspecto del coche se caracterizaba por su diseño musculoso, líneas rectilíneas y la enorme luneta trasera que facilitaba la habitabilidad, características que le daban un aire muy cercano a los muscle car americanos pero con un toque de refinamiento europeo.
Versiones y detalles técnicos
Durante su producción, la segunda generación del Jensen Interceptor contó con tres variantes principales. En 1969 sufrió pequeñas modificaciones estéticas y, en 1971, se introdujo el motor de 7.2 litros como opción, junto con mejoras en el equipamiento interior, incluyendo dirección asistida, aire acondicionado y acabados de lujo. Además, en 1967, Jensen presentó el modelo FF, revolucionario al añadir tracción integral y frenos ABS mecánicos, adelantándose a tecnologías que serían estándar años después.
En la recta final de su producción, entre 1974 y 1975, Jensen experimentó con un limitado número de descapotables (267 unidades) y una versión coupé con luneta trasera partida que apenas alcanzó 60 ejemplares.
Legado y declive de Jensen Motors
Aunque el Interceptor fue el modelo más exitoso de la marca, con un total de 6.408 unidades producidas, la compañía no logró sobrevivir a la recesión económica global de los años 70, cesando sus actividades en 1976. No obstante, la historia de Jensen Motors sigue siendo un ejemplo fascinante de cómo una pequeña fábrica europea pudo crear un automóvil capaz de competir con los muscle cars americanos, combinando la potencia y agresividad de Estados Unidos con un diseño y acabado que apelaban al buen gusto europeo.
El legado del Jensen Interceptor continúa apreciándose hoy en día entre aficionados y coleccionistas, recordándonos que la creatividad y el ingenio no tienen fronteras cuando se trata de pasión por el automovilismo.
