En Europa se observa una paradoja en la infraestructura de recarga para vehículos eléctricos: aunque existen más de 1,1 millones de puntos de carga públicos para aproximadamente 15 millones de coches enchufables (de los cuales 9,3 millones son eléctricos puros), la tasa de utilización de estos puntos es muy baja, apenas alcanza entre el 2 % y el 8 %. Esto equivale a una ocupación diaria de solo entre 30 y 120 minutos por cargador.
Un problema de oferta y demanda al revés
El debate habitual sobre la movilidad eléctrica suele centrarse en la supuesta falta de puntos de recarga, especialmente cargadores rápidos fuera de las principales vías y en zonas rurales o con baja población. Sin embargo, según los expertos, el verdadero problema no es la escasez de infraestructuras, sino la cantidad insuficiente de vehículos eléctricos en circulación que demanden su uso. En otras palabras, no hay más cargadores porque no hay suficientes coches que los utilicen.
Empresas líderes en recarga, como Alpitronic e Ionity, destacan que la baja tasa de uso —que en Europa apenas alcanza entre el 2 % y el 8 %— hace que los operadores vean poco rentable la inversión en nuevos puntos de carga. Esto genera un círculo vicioso donde la falta de demanda frena la ampliación de infraestructuras, ralentizando a su vez la adopción masiva de vehículos eléctricos.
Crecimiento de la infraestructura y sus limitaciones
Por ejemplo, en España, en 2024 ya había más de 40.000 puntos de recarga públicos, con un aumento cercano al 33 % respecto al año anterior. En 2025, la cifra ascendió a más de 53.000 puntos, aunque casi un tercio (aproximadamente 16.000) estaban fuera de servicio. La mayoría de las recargas (un 89 %) se realizan en domicilios particulares, donde la comodidad y la disponibilidad hacen que la demanda pública sea menor aun cuando crecen las infraestructuras.
El uso de las estaciones varía según el tipo de ubicación: en parkings de empresas con cargadores de baja potencia (7,4 kW), la ocupación no suele superar el 10-20 %, mientras que en aeropuertos puede caer por debajo del 1 %. Por tanto, aunque la red pública crece, no logra un uso continuado que justifique nuevas inversiones con rapidez.
Los desafíos para la expansión y el uso de la red pública
La baja tasa de utilización de la infraestructura pública conlleva problemas técnicos y económicos, entre ellos:
- Falta de visibilidad y accesibilidad a los puntos de carga.
- Averías frecuentes que dificultan la confianza del usuario.
- Tiempos prolongados de recarga, especialmente en híbridos enchufables y algunos eléctricos, que bloquean los puntos.
- Vehículos que ocupan espacio tras completar la carga, limitando la rotación.
Este contexto mantiene infrautilizadas muchas estaciones y limita la rentabilidad para los operadores. Philipp Senoner, CEO de Alpitronic, señala que es necesario reforzar la recarga urbana, optimizar las infraestructuras ya existentes y fomentar la electrificación del transporte industrial y comercial, cuya demanda crecerá sustancialmente hacia 2030.
Perspectivas y rol del consumidor y la política
La adopción más amplia del coche eléctrico depende en gran medida de la demanda de los consumidores. La indefinición política, especialmente en Europa, que retrasa el fin de los motores térmicos y suaviza los objetivos de reducción de emisiones, también afecta esta transición. Sin embargo, la decisión final recae en los compradores: si no optan por vehículos eléctricos, ni la mejor infraestructura solucionará el problema.
Por último, para quienes están interesados en dar el salto hacia la movilidad eléctrica, es fundamental elegir un vehículo que se adapte a sus necesidades y conocer los puntos de carga disponibles, sus características y ubicación. Esto ayuda a disminuir la incertidumbre relacionada con la autonomía y la recarga.

