La verdadera historia detrás de los “cementerios” de coches eléctricos abandonados en China
En distintas zonas de China, es posible encontrar lo que aparentan ser auténticos cementerios de coches eléctricos: grandes cantidades de vehículos eléctricos estacionados en terrenos baldíos, cubiertos de polvo y moho, sin que nadie los reclame. Estas imágenes se han viralizado en redes sociales, generando debates sobre la viabilidad del coche eléctrico, incluso sugiriendo que estos vehículos terminan ahí porque sus baterías, muy costosas, se han estropeado y quedan inservibles.
El verdadero contexto detrás de estas flotas abandonadas
La realidad es mucho más compleja que la simple descompostura de las baterías. Estos coches pertenecen principalmente a flotas de empresas de car sharing que quebraron tras el estallido de una burbuja empresarial en el sector eléctrico chino. No es el fallo tecnológico de las baterías lo que causó que estos coches estén abandonados, sino problemas financieros y de negocio.
El impulso estatal y la burbuja del coche eléctrico en China
Desde 2009, el gobierno chino impulsó fuertemente la industria del vehículo eléctrico con una inversión pública cercana a los 30.000 millones de dólares hasta 2022. Las ayudas incluían reembolsos directos de hasta 8.400 dólares por coche adquirido, e incluso incentivos de hasta 13.000 euros para los fabricantes en los primeros años. El mensaje fue claro: el vehículo eléctrico era el futuro y el Estado respaldaría esta transición masiva.
Esta avalancha de dinero generó que cientos de empresas se enfocaran en fabricar coches eléctricos, muchos de baja calidad técnica y limitada autonomía (algunos no superaban los 100 km). Además, la mayoría de estos coches no eran vendidos a consumidores particulares, sino adquiridos por empresas de car sharing que se beneficiaban de los subsidios públicos.
El auge y caída del car sharing eléctrico
Entre 2016 y 2019, cientos de empresas de coche compartido surgieron en China, operando con flotas masivas acumuladas gracias a los incentivos gubernamentales. El auge se apoyó en el éxito previo del bike sharing y la disponibilidad abundante de coches eléctricos subsidiados.
Sin embargo, esta modalidad tenía problemas estructurales: muchos vehículos eran de baja calidad, costosos de mantener y operar, y las empresas carecían de acuerdos formales con las autoridades locales para estacionar o recargar sus coches libremente en las ciudades. Estas dificultades operativas y los altos costes se trasladaron a los usuarios, quienes preferían opciones más económicas y accesibles como el transporte público o los taxis.
Como resultado, la mayoría de estas compañías quebraron, dejando miles de coches eléctricos varados y abandonados en terrenos sin uso, convertidos en esos llamados “cementerios” que alarman a muchos.
Un caso representativo: Microcity y sus coches abandonados
Una de estas compañías, Microcity, tuvo su flota aparcada en un descampado cerca del río en las afueras de Hangzhou. La empresa pagaba más de 4.500 euros anuales por almacenar allí sus vehículos, que ahora permanecen sin uso, ilustrando un problema mucho más amplio que la simple obsolescencia tecnológica.
Reflexiones sobre la gestión responsable de la transición tecnológica
Estos “cementerios de coches eléctricos” son una consecuencia palpable de los desafíos que enfrentan las transiciones tecnológicas masivas. Revelan la importancia de planificar con responsabilidad, considerando no solo la innovación tecnológica, sino también la madurez del mercado, las regulaciones urbanas, y los modelos de negocio sostenibles para evitar problemas sociales y ambientales derivados del abandono de tecnologías emergentes.
Si te interesa elegir un coche eléctrico, aquí tienes algunas opciones
Si estás pensando en pasarte a la movilidad eléctrica, existen numerosos modelos en el mercado que combinan autonomía, prestaciones y accesibilidad. Para facilitar esta decisión, existen herramientas personalizadas que, además de recomendarte coches según tus necesidades, responden las dudas más comunes sobre precio, autonomía o puntos de recarga cercanos.
La movilidad eléctrica sigue siendo una pieza clave en la reducción del consumo de petróleo y las emisiones globales, aunque también implica retos importantes que deben ser gestionados con eficacia.

