El debate sobre la inversión y mantenimiento de la red ferroviaria de alta velocidad en España
El trágico accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, donde colisionaron un tren Iryo y un Alvia con un resultado fatal de 42 personas fallecidas, ha reabierto el cuestionamiento sobre el estado de la red de alta velocidad española. Una de las hipótesis más estudiadas apunta a una posible rotura de un raíl en una vía recientemente renovada.
Posición oficial y cuestionamientos sobre la inversión
Óscar Puente, Ministro de Transportes, ha defendido la «infalibilidad» del AVE y ha asegurado que el accidente no está relacionado con la inversión en la red ferroviaria. No obstante, esta afirmación suscita dudas legítimas respecto a si dedicar una media de 110.000 euros por kilómetro es suficiente, especialmente cuando esa cifra se encuentra por debajo de la media europea.
Gasto en mantenimiento ferroviario: España frente a Europa y Japón
El mantenimiento de la infraestructura es crucial para la seguridad y eficiencia de los trenes de alta velocidad, que, aunque son de los transportes más seguros del mundo, no son infalibles. En el mundo, ha habido accidentes graves en España, Alemania y China, mientras que países pioneros como Francia y Japón no han registrado accidentes mortales en sus redes de alta velocidad.
Incremento de inversión en España
España ha aumentado notablemente la inversión destinada al mantenimiento ferroviario en los últimos años: en 2022 destinó 368,1 millones de euros (92.800 €/km), cifra que se elevó a 376,7 millones en 2023 y a 444,3 millones de euros en 2024, llegando a 110.000 euros por kilómetro. Sin embargo, esta suma sigue siendo inferior a la media europea (113.000 €/km) y muy por debajo de países como Francia y Japón.
El caso de Francia y Japón
Francia, con 2.750 km de alta velocidad, invierte alrededor de 140.000 euros por kilómetro al año en mantenimiento, superando ampliamente a España a pesar de tener menos kilómetros de red. Este gasto refleja una apuesta fuerte por el mantenimiento preventivo y la modernización constante.
Japón, inventor del tren bala, destina entre 150.000 y 180.000 euros por kilómetro al año, con un enfoque que incorpora tecnologías avanzadas y medidas preventivas singulares, como sistemas para evitar el congelamiento de las vías en invierno.
Consideraciones sobre la orografía y la complejidad de la red
El coste de mantenimiento varía según múltiples factores, entre ellos la complejidad de la red y la orografía del territorio. España tiene la segunda orografía más accidentada de Europa, solo detrás de Austria, lo que implica mayor presencia de infraestructuras complejas (puentes, túneles) y, por tanto, un coste superior en mantenimiento. En contraste, las líneas francesas transcurren mayoritariamente por terrenos llanos.
Impacto de la liberalización y el uso de la red
Expertos y sindicatos han advertido que con la liberalización del sector ferroviario, que ha incrementado el número de trenes en circulación, ha aumentado también el desgaste de las vías. Aunque la red española soporta una media de 58 circulaciones diarias por kilómetro, esto queda por debajo de las 96 circulaciones que registra la red francesa, pese a tener España una red más extensa.
Déficit en mantenimiento y expansión de la red
España ha priorizado la expansión de la red de alta velocidad, mientras que otros países hacen un esfuerzo mayor en el mantenimiento preventivo. Esta estrategia ha generado un déficit en la conservación de las infraestructuras existentes, generando preocupaciones sobre la resiliencia y seguridad del sistema.
Desafíos normativos y el futuro del mantenimiento ferroviario
Desde 1990, España ha logrado reducir el riesgo de accidentes ferroviarios en un 78%, pero los recientes episodios han reavivado la discusión sobre la necesidad urgente de implementar planes de resiliencia y mecanismos robustos para la evaluación continua de riesgos en infraestructuras críticas. La Directiva de Resiliencia de Entidades Críticas de la UE obliga a estos esfuerzos, pero su aplicación en España enfrenta retrasos.
En resumen, aunque la inversión en mantenimiento haya crecido, persiste un debate válido y necesario sobre si es suficiente para garantizar la seguridad y sostenibilidad a largo plazo de una red que es de las más extensas en Europa.

