La historia de Darius McCollum: un conductor inusual en el metro de Nueva York
En 1980, Darius McCollum, un joven de 15 años de Queens, protagonizó un episodio que asombró a la ciudad de Nueva York: tomó los mandos de un tren de metro en Manhattan, conduciéndolo desde la calle 34 hasta el World Trade Center. Durante este trayecto, se detuvo en cada estación, dejó que los pasajeros subieran y bajaran, realizó todos los anuncios correspondientes y respetó rigurosamente los horarios establecidos.
Pese a su impresionante manejo, algunos pasajeros notaron que el conductor parecía demasiado joven, por lo que alertaron a la policía. Al ser detenido y cuestionado, Darius respondió con naturalidad: “Soy yo el conductor”. Este hecho causó sorpresa y desconcierto en la Autoridad de Tránsito de Nueva York (MTA), que no entendía cómo un adolescente podía haber tomado el control de un tren de manera tan impecable.
Una obsesión que superó las barreras legales
Tras este primer incidente, Darius intentó formalmente ingresar a la MTA cuando tenía 17 y 18 años, pero su historial de detenciones impidió que fuera contratado. Sin embargo, su pasión por los trenes no disminuyó: durante las décadas de 1980 y 1990, llegó a secuestrar más de 100 trenes y autobuses, usurpando identidades de empleados y participando incluso en huelgas sindicales, a pesar de no ser trabajador oficial de la MTA.
Su método para acceder a los vehículos era sencillo: muchas veces las puertas estaban abiertas y él solo tenía que subir, arrancar el motor y conducir. Esta naturalidad y conocimiento profundo del sistema hacían que sus acciones pasaran desapercibidas. Tanto fue así que algunos empleados llegaron a valorarlo y proponerlo como delegado sindical.
Un incidente en 2012 y sus consecuencias
En 2012, durante una parada de emergencia de un tren que conducía, Darius evacuó a los pasajeros de forma segura siguiendo los protocolos de la MTA. Sin embargo, fue nuevamente detenido después de que un empleado reconociera su imagen en un cartel de búsqueda. Fue condenado a cinco años de prisión.
Contribuciones desde la prisión y diagnóstico de Asperger
Durante su tiempo en prisión, McCollum colaboró con las autoridades para identificar vulnerabilidades en la seguridad del sistema de transporte neoyorquino, ofreciendo recomendaciones que la MTA implementó rigurosamente. A pesar de esto, fue recluido en una prisión de máxima seguridad, bajo la sospecha de que pudiera ser vulnerable a manipulaciones externas.
Posteriormente, fue diagnosticado con el síndrome de Asperger, una condición dentro del espectro autista. Su pasión por el metro tiene raíces profundas: desde niño encontró en el sistema de transporte un refugio y una rutina que le proporcionaba estabilidad, tras experiencias traumáticas en su entorno escolar.
El sistema de salud mental y social frente a su caso
El sistema de salud estadounidense, con poca cobertura para enfermedades mentales, no brindó a Darius el apoyo adecuado. En 2018 fue catalogado como una amenaza para la sociedad y enviado a un hospital psiquiátrico para criminales violentos, sin recibir atención terapéutica enfocada en su comportamiento compulsivo.
Al quedar en libertad, enfrentó dificultades económicas que lo llevaron a reincidir, robando nuevamente un autobús. No está claro si fue por necesidad de seguridad al ser arrestado o por la compulsión de conducir. Actualmente, permanece en prisión esperando un nuevo juicio en el que se enfrenta a una posible condena de hasta 15 años.
Reflexiones sobre un caso excepcional
El caso de Darius McCollum revela tanto fallas en la seguridad del transporte público —como el acceso fácil a vehículos operativos—, como la falta de una adecuada atención y apoyo a personas con trastornos del espectro autista en la sociedad actual. Su historia aporta una visión compleja sobre pasión, obsesión y marginación dentro del sistema legal y sanitario de Estados Unidos.
