En 2021, la ciudad escocesa de Aberdeen se convirtió en pionera al incorporar 25 autobuses de hidrógeno de dos pisos a su servicio de transporte público, buscando una flota más sostenible y limpia. Fueron los primeros autobuses de este tipo en el mundo, un logro que inicialmente generó mucha expectación y orgullo para la ciudad y su ayuntamiento.
Sin embargo, apenas cinco años después, Aberdeen ha tomado la decisión de vender estos autobuses de hidrógeno para reemplazarlos por vehículos eléctricos de batería. La razón principal detrás de este cambio radica en las dificultades para repostar hidrógeno, que dejaron inoperativos estos autobuses por más de un año y medio, una situación que el Ayuntamiento ya no pudo sostener.
La apuesta inicial por el hidrógeno en Aberdeen
El Ayuntamiento de Aberdeen apostó fuerte por el hidrógeno como alternativa a los combustibles fósiles. Además de incorporar estos innovadores autobuses de hidrógeno y camiones de basura con la misma tecnología, firmaron un acuerdo con la petrolera BP para establecer dos estaciones de servicio dedicadas al repostaje de hidrógeno. Esta alianza buscaba garantizar la viabilidad del proyecto y garantizar un suministro eficiente.
No obstante, a pesar de las buenas intenciones, la infraestructura de repostaje nunca funcionó correctamente, lo que derivó en que los autobuses quedaran fuera de servicio a partir de septiembre de 2024. Sin posibilidad de repostar hidrógeno y sin alternativas, los vehículos simplemente no podían circular, llevando al Ayuntamiento a tomar la difícil decisión de quitar estos autobuses de su flota.
Por qué los autobuses eléctricos tienen más sentido actualmente
Desde el lanzamiento de los autobuses de hidrógeno en Aberdeen, la tecnología de vehículos eléctricos de batería ha avanzado considerablemente, tanto en autonomía como en tiempos de recarga y costo operativo. Estos autobuses eléctricos solo requieren puntos de carga, que son más fáciles de instalar y mantener en comparación con las complejas y costosas estaciones de hidrógeno.
Además, la infraestructura para vehículos eléctricos está mucho más desarrollada en Europa y otras regiones, facilitando su implementación y uso diario. Los autobuses eléctricos ofrecen un tiempo de recarga relativamente rápido y cuentan con la autonomía suficiente para operar durante varios turnos de trabajo sin necesidad de recargar durante el día.
En contraste, el hidrógeno sigue siendo caro de producir, especialmente cuando se trata de hidrógeno verde (producido mediante fuentes renovables), y las estaciones de servicio son todavía escasas y con altos costos de construcción y mantenimiento.
Ventajas de los autobuses eléctricos
- Menor costo operativo y de mantenimiento: comparados con combustibles fósiles y también con hidrógeno.
- Infraestructura más accesible: los puntos de recarga son más simples y económicos.
- Menor impacto ambiental real: cuando se cargan con electricidad de fuentes renovables.
- Mayor fiabilidad operativa: menos tiempo parados por problemas técnicos o logísticos.
Limitaciones y desafíos para el hidrógeno en transporte público
- Infraestructura costosa y poco desarrollada: tanto para distribución como repostaje.
- Costos elevados del vehículo y combustible: el precio del hidrógeno verde es un factor clave.
- Sistema más complejo: lo que puede resultar en mayores gastos de mantenimiento y operatividad.
- Dependencia de alianzas y coordinación para el suministro: sin un soporte sólido, los vehículos quedan paralizados.
Lecciones y perspectivas futuras
La experiencia de Aberdeen ejemplifica que, aunque el hidrógeno es una tecnología prometedora para un futuro con menos emisiones, su viabilidad práctica hoy depende fundamentalmente de contar con una infraestructura sólida y accesible. En muchos casos urbanos, los autobuses eléctricos de batería han demostrado ser una solución más eficaz, económica y sencilla de implementar.
El hidrógeno todavía tiene sentido en ciertos contextos de transporte pesado, largas distancias o donde el tiempo de repostaje es crítico, pero para la mayoría de las ciudades que buscan electrificar su transporte público, la batería sigue siendo la mejor opción.
Así, el giro de Aberdeen hacia los autobuses eléctricos representa un movimiento pragmático basado en la experiencia real, apuntando a garantizar un servicio sostenible, eficiente y rentable para sus habitantes.
La noticia original fue publicada por Motorpasión y escrita por Álvaro Ruiz.
