En los últimos años, varios países europeos como Polonia, Alemania y Reino Unido han empezado a considerar que los coches eléctricos fabricados en China representan un posible riesgo para la seguridad de infraestructuras críticas, especialmente en áreas sensibles como instalaciones militares y gubernamentales. El motivo principal son las capacidades avanzadas de estos vehículos para recoger y transmitir datos, lo que podría facilitar actividades de espionaje o sabotaje sin que los usuarios lo perciban.
¿Por qué se sospecha de los coches eléctricos chinos?
Estos automóviles están equipados con un conjunto sofisticado de tecnologías, incluyendo cámaras de alta resolución, sensores LiDAR, radares y sistemas de conectividad que permiten la creación de mapas tridimensionales del entorno y el registro preciso de ubicaciones GPS. Estas funciones, esenciales para sistemas avanzados de ayuda a la conducción, también abren la posibilidad de que la información sensible capturada sea enviada a servidores en China, generando preocupación sobre un posible uso para vigilancia remota.
Un estudio llevado a cabo en Polonia, y reportado por expertos como Paulina Uznańska, describe a estos vehículos como “teléfonos inteligentes sobre ruedas”, debido a la enorme capacidad que tienen para recolectar y enviar datos críticos que pueden poner en riesgo la seguridad nacional.
Medidas europeas para proteger instalaciones sensibles
- Polonia ha decidido prohibir la entrada de coches eléctricos chinos en instalaciones militares, edificios gubernamentales sensibles y aparcamientos aledaños. Esta decisión se basa en investigaciones que evidencian la capacidad de estos vehículos para escanear su entorno y recoger información crítica.
- Reino Unido ha adoptado medidas similares, exigiendo que el personal con coches chinos aparque a una distancia considerable de las bases militares, hasta 3 kilómetros en algunos casos, para minimizar riesgos potenciales de espionaje electrónico.
- Alemania ha manifestado públicamente la necesidad de monitorear de cerca los riesgos asociados con estos autos dados los sistemas complejos e interconectados que llevan incorporados, en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y expansión del mercado chino en Europa.
Vulnerabilidades demostradas y preocupaciones adicionales
Además del caso de los coches eléctricos, investigaciones recientes han detectado que autobuses urbanos chinos en países como Dinamarca y Noruega pueden ser controlados remotamente desde China, incluyendo la capacidad para apagar los vehículos a distancia. Esta situación se debe a los módulos de conectividad OTA (Over The Air) presentes en los vehículos modernos, que permiten actualizaciones y control remoto.
Si los autobuses pueden ser desactivados de forma remota, preocupa que los coches eléctricos chinos puedan retransmitir imágenes, sonidos o ubicaciones en tiempo real desde ciudades europeas importantes como Varsovia o Berlín.
Otros fabricantes y contexto global
No solo los vehículos chinos están en el foco: los coches como Tesla, que también incorporan tecnologías avanzadas, han sido prohibidos en instalaciones militares de China desde 2021 por razones de seguridad relacionadas con las cámaras y sensores instalados en sus modelos.
Estas medidas se enmarcan en un contexto mayor de tensiones internacionales, donde países como Estados Unidos también limitan o prohíben la circulación de coches chinos en determinadas zonas por motivos de seguridad nacional, siguiendo patrones similares a restricciones impuestas a empresas tecnológicas chinas.
Para consumidores interesados en coches eléctricos
Ante estas circunstancias, es importante que quienes consideran comprar un coche eléctrico estén informados sobre los aspectos técnicos y de seguridad que rodean a estos vehículos, especialmente en cuanto al origen de los componentes y software. Existen recursos y recomendadores personalizados que ayudan a seleccionar modelos ajustados a las necesidades de cada usuario, tomando en cuenta factores como precio, autonomía y redes de carga disponibles.
En resumen, la proliferación de coches eléctricos chinos en las carreteras europeas ha generado alertas en materia de seguridad nacional y privacidad. Como consecuencia, algunos gobiernos han comenzado a implementar restricciones para proteger sus infraestructuras críticas, manteniendo un equilibrio entre innovación tecnológica y cautela frente a posibles riesgos geopolíticos.

